Los colores de la vida

Dime si alguna vez tu corazón abrió las puertas del alma y se dejó vencer por la inmensa alegría que reina en su jardín.
Es cierto, es tu corazón tan frío como la hiel, tan desierto como el Sahara. Así pretendes juzgar a quienes te rodean. Tu justicia se hunde en el odio y el rencor eterno a los que pisan el camino del amor en la búsqueda de esperanza.
Dicen que nacer sin amor es como no vivir, no existir en este mundo. Entonces tú no eres más que un alma vacía que vaga por el mundo oscureciendo el día e inundando con tus lágrimas la noche. No hay salvación para una pobre alma como tú, que no acepta salvación alguna. Permíteme pues, corazón inerte, quitar esa venda gris que oculta de tus ojos los colores de la vida.

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LA CAÍDA DE UN TITÁN

No por temer a la muerte voy a permitir que su cara burlesca acompañe mi camino de soledad hacia el olvido. Voy a luchar, me armaré de valor y tomaré como espada la libertad para atravesar su ennegrecido corazón, lo arrancaré de su pecho y libraré al mundo del horror de los gigantes, aquellos que aplastan a pequeñas almas por el temor de que un día crezcan y rompan las cadenas del corrompido reino, donde sentada en un trono hecho de huesos de guerreros, espera la muerte, tapada por sus miedos, la llegada de su fin.

Con solo una sonrisa

Una noche de poesía acudí a tu encuentro armado con un libro de escudo y una rosa como espada, mas no era un dragón lo que mi corazón temía enfrentar, sino que tus labios profanaran mis oídos en un fútil intento por expresarte mi amor. Tomando como testigo a las estrellas crucé un largo río de incertidumbres para ir por ti. Al culminar el viaje yacía mi cuerpo inerte y palideciendo ante el umbral de tu puerta. Sin más afán que el de atravesar tu alma con la espada, mi mano tocó incesante los muros del castillo sin hallar respuesta alguna. Casi ahogado en lágrimas sorprendieron a mis oídos las campanadas del amanecer anunciando mi partida. De pronto las lágrimas se tornaron espuma y mi cuerpo comenzó a desvanecerse sin más tiempo que para enterrar mi espada a la entrada. Instantes previos a partir, mis ojos se cruzaron con los tuyos, que se notaban un tanto dormidos. Hice ademán de tomarte entre las manos, pero un rayo de sol me raptó súbitamente, dejando tras de mí el libro que tan celosamente guardaba bajo el brazo. Un soplo de viento abrió sus páginas dejando entrever una pequeña nota, que sin temor a equivocarme, decía:
“Darte mi amor es todo lo que puedo, pero tú puedes con solo una sonrisa desbordar mi corazón de alegría”.

Soledad

A veces mi alma se siente atrapada y viaja por los sueños en tu almohada. Busco tu puro rostro en cada espejo y no veo más que sombras y misterios.
La soledad me está volviendo loco. Sin ti no puedo respirar, ni siquiera caminar por esas calles por donde te amé y aunque pasen mil años te recordaré.
Busco en el cielo una respuesta a este castigo que es no tenerte y desearte cada día más. No encuentro más que oscuridad, pues la luna, al marcharte, se coló en tu bolsillo y obligó a las estrellas a dormir eternamente.
Dime que he hecho. Si no fueron suficientes los besos, si no fueron suficientes “te quiero”. Si en mi corazón no cabe este amor inmenso, lejos de marcharte quédate a mi lado y devolvámosle al mundo la felicidad.

DÉJAME

Amor, déjame por un segundo soñar que estás a mi lado y recorro junto a ti todo un camino lleno de flores bajo la luz de la luna. Déjame cruzar esa frontera que te aleja a cada paso que doy.
Déjame romper las cadenas de la soledad y ser para siempre tu ángel.
Déjame, tan solo por un segundo, dibujar en tu rostro una sonrisa que dure un instante y perdure eternamente en mis recuerdos.

Melancolía

Por más que busco no te encuentro. Será posible entonces que tus pies ya no pisen estas calles, que tus ojos vean noche cuando los míos vean días. Será posible que tu alma haya quedado prisionera en lejanas tierras custodiada por gigantes. Será posible que mi amor vaya a morir en un rincón, que mis manos se pierdan abrazando tu foto, que el destino me encierre y me impida salir a buscarte.

Solo me consuelan tus cartas y los recuerdos que poco a poco se van desvaneciendo.

Quiero gritarle al mundo lo mucho que te amo para que, en un silbido, el viento lleve a ti mis plegarias y sepas que aún vivo tras estas montañas esperando tu retorno.

Encontré en un bar tu rostro decaído y en él pinté una sonrisa para que pudieras verte en el espejo. Te arrebaté la soledad y la tiré por la ventana. Me decidí a quererte y tú te dedicaste a perderme. Yo sembré flores en tu corazón, tú me abandonaste en un parque y aquí estoy, con mis maletas llenas de recuerdos, esperando un tren que nunca llegará.
Las noches nunca fueron tan solitarias. Rodeado de fantasmas busqué tu rostro sin éxito, hasta que apareciste por allí. Andabas de la mano de un demonio que se robó tu felicidad. Te miré y no encontré esa sonrisa que había pintado y supe que mentías cuando dijiste que eras feliz, que ya habías olvidado el pasado.
Te invité a un par de copas en el bar de la calzada, pero un fuerte NO fue suficiente para hacer estallar mi cerebro mientras una ráfaga de viento me silbaba que me marchara y guardara en un bolsillo todo el dolor que siento desde el día en que te esfumaste de mi vida.

Recuerden que pocas veces la vida nos pone por segunda ocasión en frente de nuestro destino, es entonces donde debemos decidir si abrir su puerta y enfrentarlo o simplemente sentarse a mirar pasar ante tus ojos las imágenes de una vida vacía, carente de colores.
¿Qué harías tú?

Mis sentimientos, desde la poesía