Encontré en un bar tu rostro decaído y en él pinté una sonrisa para que pudieras verte en el espejo. Te arrebaté la soledad y la tiré por la ventana. Me decidí a quererte y tú te dedicaste a perderme. Yo sembré flores en tu corazón, tú me abandonaste en un parque y aquí estoy, con mis maletas llenas de recuerdos, esperando un tren que nunca llegará.
Las noches nunca fueron tan solitarias. Rodeado de fantasmas busqué tu rostro sin éxito, hasta que apareciste por allí. Andabas de la mano de un demonio que se robó tu felicidad. Te miré y no encontré esa sonrisa que había pintado y supe que mentías cuando dijiste que eras feliz, que ya habías olvidado el pasado.
Te invité a un par de copas en el bar de la calzada, pero un fuerte NO fue suficiente para hacer estallar mi cerebro mientras una ráfaga de viento me silbaba que me marchara y guardara en un bolsillo todo el dolor que siento desde el día en que te esfumaste de mi vida.

Recuerden que pocas veces la vida nos pone por segunda ocasión en frente de nuestro destino, es entonces donde debemos decidir si abrir su puerta y enfrentarlo o simplemente sentarse a mirar pasar ante tus ojos las imágenes de una vida vacía, carente de colores.
¿Qué harías tú?

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