Con solo una sonrisa

Una noche de poesía acudí a tu encuentro armado con un libro de escudo y una rosa como espada, mas no era un dragón lo que mi corazón temía enfrentar, sino que tus labios profanaran mis oídos en un fútil intento por expresarte mi amor. Tomando como testigo a las estrellas crucé un largo río de incertidumbres para ir por ti. Al culminar el viaje yacía mi cuerpo inerte y palideciendo ante el umbral de tu puerta. Sin más afán que el de atravesar tu alma con la espada, mi mano tocó incesante los muros del castillo sin hallar respuesta alguna. Casi ahogado en lágrimas sorprendieron a mis oídos las campanadas del amanecer anunciando mi partida. De pronto las lágrimas se tornaron espuma y mi cuerpo comenzó a desvanecerse sin más tiempo que para enterrar mi espada a la entrada. Instantes previos a partir, mis ojos se cruzaron con los tuyos, que se notaban un tanto dormidos. Hice ademán de tomarte entre las manos, pero un rayo de sol me raptó súbitamente, dejando tras de mí el libro que tan celosamente guardaba bajo el brazo. Un soplo de viento abrió sus páginas dejando entrever una pequeña nota, que sin temor a equivocarme, decía:
“Darte mi amor es todo lo que puedo, pero tú puedes con solo una sonrisa desbordar mi corazón de alegría”.

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