La calle del amor

 

La calle del amorVoy caminando de noche por una vieja calle; no hay lámparas ni luciérnagas; de la fuente ya no brota aquella dulce agua de cuando te conocí, y los angelitos que en ella viven han decidido odiarse para siempre.

Sigo atravesando la sombría alameda, invadiéndome la culpa, la tristeza, el odio y la agonía que antes no tenían cabida en la calle del amor. Me detiene un anciano que, cual Dios, me dice: “Es tu culpa, regrésala, y regresa a todos la felicidad que se llevó al marcharse”.

Casi llegando al final del horizonte, tu rostro gobierna mis pensamientos, y de pronto un resplandor -solo igualado por la luz del Sol- se asoma entre las montañas, tapando la noche.

La calle del amor 2Una silueta de mujer resurge de la nada, trayendo consigo felicidad, armonía, amor y todos los buenos sentimientos que una vez robó. Se me acerca y susurra: “Ten, hazlos tuyos para siempre”.

De pronto, el seco jardín floreció. El anciano llenó su cuerpo de vida, le salieron majestuosas alas; empuñó en la diestra un hermoso arco dorado, mientras en la espalda cargaba una docena de flechas largas que en la punta llevaban corazones, uno de los cuales tenía grabados tu nombre y el mío.

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Mis sentimientos, desde la poesía