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Los colores de la vida

Dime si alguna vez tu corazón abrió las puertas del alma y se dejó vencer por la inmensa alegría que reina en su jardín.
Es cierto, es tu corazón tan frío como la hiel, tan desierto como el Sahara. Así pretendes juzgar a quienes te rodean. Tu justicia se hunde en el odio y el rencor eterno a los que pisan el camino del amor en la búsqueda de esperanza.
Dicen que nacer sin amor es como no vivir, no existir en este mundo. Entonces tú no eres más que un alma vacía que vaga por el mundo oscureciendo el día e inundando con tus lágrimas la noche. No hay salvación para una pobre alma como tú, que no acepta salvación alguna. Permíteme pues, corazón inerte, quitar esa venda gris que oculta de tus ojos los colores de la vida.

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LOS COLORES DE LA LIBERTAD

Caída la tarde me aventuré a buscar lo bello de la vida. Mi corazón quería salir del pecho por la emoción que provoca en él frente a un ángel. Cuando llegué a su palacio, dispuesto a enseñarle los colores de la libertad, tuve que escurrirme entre las murallas pues los guardias custodiaban muy bien la entrada.
Mientras se dejaba entrever su figura deslumbrante tras la puerta me convertí en un niño, me temblaban las manos, mis ojos estaban fijos en los suyos y mi mente viajaba por el universo imaginando su corazón cerca del mío. Me adentré en su cuarto, pero parecía distinto, sentía como si una nube de tormenta fuera a oscurecer el soleado día. En efecto, no tardó mucho en caer el rayo sobre mi cuerpo, cuando surgió de las sombras un hombre con facciones de demonio, de mirada fría y que la había tomado entre sus manos preguntando si todo estaba bien. Cuando mis ojos se volvieron hacia el ángel de mis noches su rostro lucía alegre, pero sin aquella luz que antaño brillaba en ella. No tuve más remedio que guardar en mi bolsillo los tonos grises de la habitación y dibujar sobre ella un inmenso arcoíris. Antes de marcharme rodó una lágrima sobre mi mejilla. Solo espero que ese hecho no vaya a empañar jamás su felicidad, si es que en realidad logró encontrarla encerrada entre los grandes muros de su palacio.

CUANDO TIEMBLA EL OLIMPO

olimpoPresos están quienes libres deben ser, dijo una voz en lo profundo de su pecho. Angustia, dolor y muchos lustros tuvieron que pasar para que fueran liberados del corazón del tártaro los titanes que una vez se enfrentaron a los designios de los dioses que hoy manejan con sus hilos los destinos de este mundo.
Están de vuelta aquellos que trajeron el fuego al hombre, aquellos que hicieron que el hombre amara la vida. Están en pie y van a luchar por que en cada momento exista paz y podamos tomarnos de las manos para abrazar así a este mundo que nos vio nacer.

¿Dónde está la Luna?

luna y sol

¿Dónde está la Luna? Esa dama hermosa que cobija bajo su manto tu delicada belleza.

Dónde está esa ninfa eterna por la que hoy lloran los poetas y sufren su partida los amantes. Responde tú, guardián de las estrellas, de las nubes y de la misma noche, ¿dónde está la Luna?

-La Luna ha decidido dormir bajo los rayos de aquel que calienta los corazones fríos y da esperanza a quienes mueren de pena.

Ese dios bienhechor que en los días surca el cielo, enmudecido de tristeza, ha tomado como suyo el amor de esa dama nocturna que bien guarda los secretos de fervientes pasiones.

Lluvia de amor

Anoche fue mi corazón testigo de uno de los momentos más apasionados de mi vida. Caían las lágrimas de Cupido y el cielo se abría paso para poder escuchar sus incesantes lamentos, al final de la calle una solitaria luz daba calor a una figura de persona que apenas veía. Sin pensarlo, corrí hacia un pequeño rincón donde solo el ruido de las gotas en el tejado rompía el silencio. Al rato, arribé a ese rincón y sin alzar la vista saludé a aquella persona que había sido atrapada por la misma desgracia. Enfoqué su rostro pero su mirada cegó mi corazón dejándolo adormecido por algunos segundos. Era sin dudas una angelical muchacha, cuyo rostro era blanco como la nieve, sus ojos parecían dos pedacitos de cielo flotando sobre las mejillas. Estaba seria, mas dejaba entrever los labios carmesí. Su cabello largo descansaba sobre un lado de la cara como un sinfín de hilos dorados. No tuve más que admirar aquella bella escultura de diosa y rendirme ante el amor.

En aquel momento impulsado por un fuerte latido del corazón tomé sus manos entre las mías y fue justo cuando un relámpago apartó las negras nubes dejando caer, sobre ese rinconcito donde ambos cuerpos huían de la lluvia, una descarga de flechas que al penetrar en la piel nacían de ellas bellas flores impregnadas de un exquisito perfume que brindaba luz al oscuro paisaje.

Así quedaron tallados por las manos de cupido esos dos amantes que sin profesarse jamás una palabra sus corazones se entregaron dejando huella de su amor para la eternidad.

Amistad, preciado tesoro

Este nuevo post rinde culto a la amistad, uno de los sentimientos más bellos y para muchos el más valioso del mundo.
Uno de los poetas hispanoamericanos más grandes del siglo XIX, el cubano José Martí, definió la amistad con estos versos:

Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.

amistad
Un amigo es algo más que un hombro donde llorar, es más que una persona a quien confesar todos tus pecados, es algo más que la persona que se ríe cuando haces o dices algo gracioso. Un amigo es quien derrama sus lágrimas junto a las tuyas y comparte tu dolor, quien señala tus errores, pero esconde tus defectos. Esa persona que logra de ti una sonrisa cuando piensas que todo terminó y te brinda su mano para que andes a su lado un nuevo camino.

Queridos lectores, si en estas palabras retratan a esa persona que cada día viaja en sus pensamientos, entonces no pierdan nunca la oportunidad de decirle:

GRACIAS AMIGO.

No solo compartas tus alegrías, sino tus pesares. Permíteme sentir contigo tus derrotas y sufrimientos, permíteme derramar mis lágrimas junto a las tuyas, pues la soledad nubla siempre el camino de los viajeros que atraviesan los senderos de la vida y yo quiero ser esa luz que te guíe, yo quiero ser:

TU AMIGO.

Lágrimas del cielo

lágrimas el cieloAnoche mi corazón fue testigo de uno de los momentos más apasionados de mi vida. Era sin duda una noche fría. Caían las lágrimas de cupido y el cielo se abría paso para poder escuchar sus incesantes lamentos, al final de la calle una solitaria luz daba calor a una figura de persona que apenas veía. Sin pensarlo corrí hacia ese pequeño rincón donde solo el ruido de las gotas en el tejado rompía el silencio. Luego de un rato logré llegar, y sin alzar la vista saludé a aquella persona que había sido atrapada por la misma desgracia.
Tras saludar enfoqué su rostro, pero su mirada cegó mi corazón dejándolo adormecido por algunos segundos. Era sin dudas una angelical muchacha cuyo rostro era blanco como la nieve, sus ojos parecían dos pedacitos de cielo flotando sobre las mejillas. Estaba seria, mas dejaba entrever sus labios carmesí. Su cabello largo descansaba sobre un lado de la cara como un sinfín de hilos dorados. No tuve más remedio que admirar aquella bella escultura de diosa y rendirme ante el amor.
En aquel momento impulsado por un fuerte latido del corazón tomé sus manos entre las mías y fue justo cuando un relámpago apartó las negras nubes dejando caer, sobre ese rinconcito donde ambos cuerpos huían de la lluvia, una descarga de flechas que al penetrar en la piel nacían de ellas bellas flores impregnadas de un exquisito perfume que brindaba luz al oscuro paisaje.
Así quedó tallado el amor en nuestros corazones por las manos de cupido dejando huella de ello para la eternidad.